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RAMÓN LUQUE: MI BLOG

EL INSTANTE

7 Diciembre 2012, 13:35pm

Publicado por Ramón Luque

MalecónHay un grupo de escritores cubanos que hace más de treinta años fueron repudiados por su tierra, llegando a otra que no les recibió precisamente con los brazos abiertos. Aunque en esta última, Estados Unidos, pudieron finalmente prosperar. Los marielitos, cuyo maximo representante es Reinaldo Arenas, gran talento literario y a la vez personaje controvertido, entrañable, polémico y lírico, son seres divididos, rotos y con el alma muy dolorida. El exilio les atravesó de arriba abajo y actualmente viven (los que viven) en unos EEUU que ya son su casa mientras siguen añorando la tierra que les vio nacer. De los marielitos que conocí en los distintos viajes que realicé a Miami, me llamó especialmente la atención la figura de José Abreu Felippe. Abreu es un escritor nato, en los que la vida y la literatura son lo mismo: lo que a él le pasó y le pasa coincide con lo que cuenta, su relato es su vida y su vida es su relato. Y es un relato triste de un ser inocente al que hace ya muchos años condenaron a la desubicación. Claro que uno piensa que esa desubicación fue imprescindible para que él fuera escritor. Este autor total (puesto que además de novelista es poeta, dramaturgo y hasta cineasta) se embarcó en una serie de cinco libros que forma la serie titulada El Olvido y la Calma. Es una pentalogía que sencillamente narra la vida entera de un hombre cubano, desde su infancia hasta su muerte. La trayectoria de Octavio, su protagonista, nos habla de dos viajes existenciales, exterior e interior, que se fusionan entre sí. Octavio es, por un lado, responsable de su vida, pero también es una víctima (y protagonista al fin y al cabo) de la Historia. Por vicisitudes de todo tipo, estos libros se publicaron desordenados. El caso es que, para mí, ya es un rasgo de estilo en esta confundida y postmoderna época en la que vivimos. De hecho, la primera novela de la serie que leí, la maravillosa Dile Adios a la Virgen, es precisamente la última, cronológicamente hablando. El Instante es menos intensa, pero más de sensaciones, las sensaciones de una Cuba añorada y en medio de ella, la existencia de un joven solitario y vulnerable, aunque fuerte. Octavio vive a fondo su juventud, marcada obviamente por el sexo, por el deseo y por el sufrimiento del amor. También por la cada vez más irrespirable atmósfera política de la isla, algo que, una novela más adelante, le obligará a partir de allí para siempre. De momento, el protagonista parece contentarse con vivir y amar en medio de la catástrofe. El Instante está escrita con gran naturalidad, rasgo de estilo del autor y especialmente con la autenticidad que le caracteriza. No encuentro aquí tanto desgarro como en otras obras de Abreu Felippe. En lugar de ello, hallo quizá cierto romanticismo, incluso algo de inverosímil esperanza en medio del dolor (a pesar de conocer el destino del protagonista). Cierta suavidad, cierta ingenuidad o quizás sencillamente aceptación madura de un suceso tan complejo e indescifrable como la vida. La existencia de Abreu Felippe no ha sido lo que se dice cómoda, pero no ha podido ser más literaria en el sentido más grande y profundo de la palabra.

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Juan P. Torres 01/17/2013 12:39

Repasando las entradas del blog llego a esta que me recuerda aquella presentación de un libro en la universidad, en la que el escritor recordaba que a Reinaldo Arenas le llamaba algo así como
Sacultala "la mala". ¿Quién era el escritor?, que después de buscarlo no he encontrado nada, y me gustaría no perder su pista.

Gracias y hasta la próxima

Un saludo