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RAMÓN LUQUE: MI BLOG

FOSTER WALLACE: LUCHA KAFKIANA

29 Marzo 2012, 08:27am

Publicado por Ramón Luque

the_pale_king.large.jpgSiempre me vanaglorio de leer mucho y de devorar libros con facilidad. Pero hay algunos con los que estableces una auténtica lucha: por leerlos, por entenderlos, por disfrutarlos. Son libros que no te ponen las cosas fáciles, no son sencillos. Y ahora no me estoy refiriendo a ensayos académicos sino a novelas. Cuando lees esas novelas, te das cuenta de que tienes que esforzarte mucho para extraer de ellas placer intelectual. Cuando lo consigues te sientes muy satisfecho. En estas últimas semanas estoy peleándome con la novela póstuma de David Foster Wallace, El Rey Pálido. Me cuesta, me cuesta mucho leerla, especialmente en estos tiempos marcados por la entronización de la imagen y del twitter. Y no es lo que se dice un ligero best seller para leer y olvidar, precisamente. El Rey Pálido nos cuenta la vida de unos inspectores de Hacienda que trabajan en unas oficinas de una ciudad de Illinois (USA): sus vidas cotidianas caracterizadas por la rutina y el aburrimiento, marcan la trama de la novela. No está terminada. Forter Wallace se suicidó mientras la escribía y su editor tuvo que hacer una trabajo de verdadera reconstrucción arqueológica con el manuscrito original. En realidad no hay una trama muy clara, hay demasiada terminología especializada en universos fiscales (sobre contabilidad, tributos, tipos de impresos) y también la afición verborreica e iconoclasta tradicional en Foster Wallace, con sus delirantes y frecuentes notas al pie de página. Lo he escrito varias veces: Foster Wallace es de esos escritores a los que se les nota que quieren dejar claro lo bien que escriben, y a veces se pasa. Era una mente brillante y privilegiada, sin duda. Pero a veces, muchas veces, es exasperante, tedioso, literalmente insoportable, y sin embargo...Sin embargo, si se consigue superar todo esto (que no es poco), conectaremos con un mundo fascinante en el que siempre te interrogas por el sentido de la vida. Y te sientes intermitentemente iluminado. El Rey Pálido nos presenta a esos inspectores de hacienda protagonistas como patéticos héroes, oscuros sísifos que nunca verán reconocida su labor, enfrentándose día tras día al tedio de vivir. Aquí hay mucho de Beckett, mucho de Melville (Bartleby por supuesto) y mucho de Kafka. Los tres, especialmente el tercero, fueron maestros en el arte de iluminarte mientras te lo hacían pasar mal. Tras sus diálogos, situaciones y narraciones de mundos grises y desolados, encuentras lucidez y vida. Con Foster Wallace sucede igual y creo que es justo compararlo con ellos. Este escritor malogrado fue de ese tipo de autores que se comportaba como un buceador. La filósofa Marta Larrauri dijo que los grandes creadores "se meten en la vida, bucean hasta lo más profundo y salen a la superficie con los ojos rojos y casi sin aire en los pulmones: arriesgan su propia salud en aras de establecer otros vínculos con la realidad". No me cabe la menor duda de que ése fue el caso de Foster Wallace.

 

 

 

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