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RAMÓN LUQUE: MI BLOG

QUEMAR LOS DÍAS

20 Diciembre 2013, 16:37pm

Publicado por Ramón Luque

salter-plane.jpgOtra vez tengo que hablar de James Salter, escritor norteamericano al borde de los noventa que está triunfando plenamente (ahora ha llegado su momento, nunca es tarde). En España sus libros se están distribuyendo y comprando mucho y bien: las novelas Juego y Distracción, Años Luz y el volumen de relatos La Última Noche. Este año acaba de sacar nueva novela, All That Is, aunque está pendiente su publicación en español. Pero yo quiero hablar de su enigmática y extraña autobiografía titulada Quemar los Días, donde cuenta momentos álgidos de su existencia. James Arnold Horowitz (lo de Salter es un seudónimo) fue piloto de guerra, periodista, guionista, director de cine, escritor. En su libro nos cuenta cómo aprendió a volar y a estrellarse, a sobrevivir en un combate aéreo, a manejar un caza, sus sensaciones sobre esa vida, sus experiencias en el ejército, sus viajes por el mundo. También nos habla de sus contactos con el cine y la literatura, como su amistad con Robert Redford o con Polanski, o con Irwin Shaw. Una vida apasionante sin duda y muy bien, espléndidamente contada, con ese estilo suyo muy personal que se mueve entre la objetividad y la melancolía. Y sin embargo...Sin embargo aprendemos mucho de los ambientes que Salter ha vivido, de situaciones heroicas, de situaciones dramáticas, de romances y enamoramientos, de celebridades y de glamour pero, me pregunto, ¿donde está el propio Salter? Casi no llego a verlo aunque algo sí que vislumbro: un individuo bien intencionado, algo asustado (más bien cagado de miedo en su juventud), aparentemente fanfarrón e implacable, aparentando hombría pero demostrando un alarmante analfabetismo emocional (un poco al estilo de Don Draper, para entendernos). Un tipo prepotente y encantado de ser joven, viril y romántico que se encuentra conque va, poco a poco, envejeciendo y encontrándose con ciertas tragedias. Éstas últimas apenas las cuenta aunque sí la de sus conocidos o amigos. Salter aparece al final retratado como un tipo más tranquilo y más melancólico, a gusto con su vida y deseando más. De hecho, al final de este libro es exactamente eso lo que dice, mientras describe una Nochevieja: "Un sentimiento de valor. Un gran deseo de seguir viviendo". Y ahí sigue.

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