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RAMÓN LUQUE: MI BLOG

SALMAN RUSHDIE: JOSEPH ANTON

10 Octubre 2012, 06:21am

Publicado por Ramón Luque

BOOKS RUSHDIE 1 1211551eLlevaba esperando más de veinte años a que apareciera este libro: las memorias de Salman Rushdie sobre los años de la fatwa, que, por fin, el autor indo-británico se ha decidido a escribir. Todo comenzó en Febrero de 1989 con ese edicto proclamado en Irán por el Ayatolah Jomeini que condenaba a muerte a Rushdie y ofrecía una recompensa económica para cualquier musulmán que lo matara a él o a cualquier colaborador en la publicación de su libro Los Versos Satánicos. Desde entonces, como se sabe, Rushdie prácticamente se convirtió en prisionero de la policia británica que lo custodiaba las veinticuatro horas del día en distintos domicilios por los que tuvo que peregrinar durante años y años. Al mismo tiempo, el traductor japones de Los Versos... era asesinado, el traductor italiano, apuñalado y herido grave y el editor del libro en Noruega, tiroteado y al borde de la muerte. Las amenazas conta Rushdie se multiplicaban y éste, tras unos años de estupefacción y miedo, decide convertirse en un bravo luchador por sí mismo y por la libertad de expresión. Mientras, se pelea con la policía (y se hace amigo íntimo de muchos de los agentes que lo custodian), trata de llevar algo parecido a una vida normal y casi lo consigue. Se divorcia, se casa, tiene un hijo, se enamora y se desenamora, se pelea, polemiza...Los policías lo llaman por un nombre en clave: "Joe" apelativo de "Joseph". Rushdie eligió los nombres de pila de Conrad y de Chéjov como seudónimo de seguridad, imprescindible para la situación en que se encontraba. Y el resultado fue "Joseph Anton", inevitable título de este extraordinario libro de casi setecientas páginas que se leen rápidamente y con placer. Es el relato de un hombre deprimido y apasionado, que se queda asombrado de su patética situación pero que acaba no resignándose, que decide luchar, ofrecer la batalla, más allá del objetivo de seguir vivo, de que no lo maten: tomar conciencia de que lo que está en juego es sencillamente la libertad de expresión. Y la libertad de expresión, como dijo una vez un personaje de Aaron Sorkin, consiste muchas veces en que "a lo mejor, puedes sentirte ofendido". Sencillamente. Aunque ahora vivimos tiempos todavía más complicados que los de la fatwa de Rushdie, en los que un reverendo oportunista graba una espantosa película sobre Mahoma y decenas de personas asaltan el consulado norteamericano en Libia matando al embajador. Como dijo Rushdie semanas atrás, ahora la libertad de expresión tiene que defender a individuos bastante indeseables como Terry Jones, pero así debe de ser. Rushdie luchó durante muchos años para que esta libertad sea sagrada y no sacrificada en nombre de extraños relativismos culturales o pretextos interesados como el respeto a las religiones. Rushdie, que se sintió como un apestado, a veces aguantando lo inaguantable (como que lo responsabilizaran a él mismo de lo que le sucedía) reivindica su derecho como escritor a "pasarse de la raya", a expresarse y criticar con libertad (y desde luego con más estilo y gusto que el reverendo Jones) y a reconocer, sí, que "puedes sentirte ofendido" pero que mayor ofensa es insultar y amenazar de muerte a alguien, condenándolo a una "no vida", como hicieron con él. Como dice el propio autor en este magnífico libro: "en un momento de ideologías infladas, pantagruélicas, no olvidar la escala humana, seguir insistiendo en nuestra humanidad esencial, seguir haciendo el amor, por así decirlo, en una zona de combate". Fue lo que él hizo y continúa haciendo una vez diluida la fatwa: no resignarse y seguir luchando, escribiendo novelas y publicándolas, seguir siendo un escritor y un ser humano normal, con sus virtudes y miserias. Joseph Anton, escrito en una tercera persona que desde luego no aleja al protagonista de su autor (obviamente es él mismo), está redactado en ese tono vehemente y apasionado de un hombre que se enfrentó a lo inimaginable y que finalmente salió vencedor. Y la frase final del libro es en sí misma una obra maestra que transmite con sencillez la sensación cotidiana de ser un hombre libre.

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