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RAMÓN LUQUE: MI BLOG

TODAS LAS HISTORIAS DE AMOR...

22 Octubre 2013, 15:39pm

Publicado por Ramón Luque

Maxbook 092712 MT tif...son historias de fantasmas, según el título de la biografía de David Foster Wallace, recién publicada en nuestro país y escrita por D.T. Max, un autor neoyorquino que no es realmente un especialista en biografías y que, según informa la solapa del libro, igual escribe sobre cebras, que sobre priones o presidentes norteamericanos, El caso es que decenas de personas que conocieron a Foster Wallace accedieron a ser entrevistados por él, incluida su viuda, Karen Green, su familia, amigos de la infancia y un larguísimo etcétera. Además, Max tuvo acceso total a la correspondencia del propio Wallace. Lo cierto es que ha conseguido más de cuatrocientas páginas que relatan, con ritmo y con un interés creciente, la apasionante vida de este escritor. Apasionante interiormente hablando. David Foster Wallace no vivió las aventuras "exteriores" de un Hemingway, por ejemplo, pero sus laberintos internos, sus contradicciones y especialmente su enorme ambición literaria pueden dar fe de una vida intensa. Como se sabe, Wallace era prácticamente un depresivo crónico que dependía de ciertos  medicamentos para combatirla. Un espíritu rebelde y auténtico, pero también un alma atormentada y sensible, quizás demasiado sensible para un mundo loco e implacable. Wallace incurrió en las habituales adicciones de los triunfadores, ese "suicidio" anómico que hace que ciertas estrellas (del cine, del rock o de lo que sea) caigan en las garras de las drogas, el alcohol o el sexo desenfrenado. Por otro lado, se empeñó en escribir una literatura que rompiera barreras, que innovara y, en cierto modo, fue víctima de una batalla contra sí mismo que acabó perdiendo. Él trataba de amar, literalmente amar y complacer al lector, de tratarlo con el máximo respeto y consideración. Y para ello debía de retarlo constantemente aún a riesgo de que el lector sufriera muchísimo. Y a veces, lamentablemente, Wallace caía víctima del error que precisamente quería evitar: el consabido ingenio y el contante recordatorio de lo bien que escribía y lo talentoso que era. Y desde luego era una mente lúcida y muy autoexigente. De la biografía me llama la atención lo buen profesor que era y ese alegato que protagonizó en una universidad contra el egocentrismo y a favor de la humildad: "Van dos peces jóvenes nadando y de pronto se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en la dirección contraria. El pez mayor se acerca y les dice <<Buenos días, chicos, ¿qué tal está el agua?>>. Los peces jóvenes siguen nadando juntos y al cabo de un rato uno se para y dice: <<¿Qué demonios es el agua?>>. En otras palabras, no era difícil llegar a ser alguien de éxito según los términos convencionales, lo difícil era ser plenamente consciente de la propia vida mientras se está viviendo. El truco-subrayaba- consiste en mantener la verdad siempre a la vista de nuestra conciencia, todos los días".

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